jueves, julio 10, 2008

Se fue Sergio Algora

Era necesario dar cuenta en este rincón.

Aquí, la noticia.

Aquí, un obituario.

Y desde aquí, nuestro recuerdo.

sábado, abril 07, 2007

Un esfuerzo por la PS3

Una PlayStation 3 de 60GB: 595 euros.

Un mando Sixaxis: 30 euros


Un teclado-ratón inalambrico USB: 40 euros

Jugar al Pacman en una PS3: no tiene precio


Estoy un poco cansado del debate "fan-boy" de qué consola de tercera generación es mejor, si la PS3, la Wii, o XBOX360. Me recuerda a mis tiempos universitarios cuando nos dividíamos en facciones pro-PC, pro-Mac. Han pasado ya 15 años, y aún sigo teniendo que tomar bando en algún
encarnizado debate.
Pues con las nuevas consolas va a pasar igual.
Sin embargo Sony ha ocultado en su menú de configuración de sistema una opción que me ha dejado descolocado: "Instalar otro sistema operativo".
Así es: la PS3 permite instalar y arrancar con otro sistema operativo distinto al propio. De momento es Linux la única opción.
Pero esto es como pasarnos la bola a los compradores. Que la PS3 vaya a ser buena o mala consola, que permita hacer más o menos cosas, ya no es cosa de Sony, si no de los usuarios. Sony nos ha conectado a la tele básicamente un PowerPC, y que nosotros hagamos con ello lo que mejor nos parezca: algunos lo usarán para chatear, otros para bajarse pelis y series, otros para jugar a los juegos viejos de su infancia, otros para programar sus propios juegos, otros como central domótica para apagar y encender las luces de la casa, la calefacción... es decir, será una consola distinta para cada usuario, por tanto, ni mejor ni peor, si no distinta a sus competidoras y entre ellas mismas.

Me mola.

Lo malo es que de momento la cosa es algo difícil. Eso de instalarse el Linux, configurarlo, e instalarse los programas, inmediato no es. Por eso llamo al esfuerzo de los que os hayais comprado la consola. Esto es el comienzo, y de aquí solo cabe ir mejorando, pero lo tenemos que hacer nosotros, tendremos que personalizar mejor las distribuciones de Linux para la PS3, desarrollar las aplicaciones más amigables, mas fáciles, más optimizadas para la consola...

Si les he convencido, les echo una mano. Si ya tienen instalada su PS3, y conectada a Internet (por cable, ya que de momento el Wifi no va en Linux), y tienen una memoria USB, y un teclado y ratón USB a mano, les digo los pasos que tienen que seguir para llegar a jugar al Pacman:

Básicamente yo seguí los pasos de este buen tutorial;
pero como alguna diferencia me
encontré en mi caso, prefiero litarles los pasos que yo seguí:

1-Descargar la distribución De Yellow Dog, que es la que oficialmente Sony ha reconocido y soportado. y grabar la ISO a un DVD.

2- Descargar estos dos ficheros:
otheros.bld (si lo que os descargais no se llama así tras descomprimirlo, renombrarlo!)
Boot de sony

Y meterlos descomprimidos un una memoria USB en una carpeta /PS3/otheros

3- Arrancar la PS3, ponerle la memoria USB, ir a ajustes/ajustes del sistema/instalar otro sistema operativo.
Os hará una minima instalación. Después teneis que decirle que quereis arrancar con el nuevo sistema operativo: ajustes/ajustes del sistema/sistema predeterminado/otro sistema operativo

4-Os pedirá el DVD que habeis grabado con el sistema. Empezareis la instalación escribiendo el comando installtext. Decirle a todo que sí, y tomaros unos cuantos cafés. despues de la instalación, debereis reiniciar usando el comando reboot.

5- Si todo ha ido bien, os creareis una cuenta de root, con la que os logueareis cada vez que arranqueis en Linux.
Si teneis una tele PAL, debereis configurar la XWindows para que veais algo. para ello arrancar el sistema con el comando yld480i (en el prompt de arranque del sistema usar el tabulador para que veais todos los posibles comandos de arranque, y usar este si vuestra tele es pal). Y cuando os logueeis como root, usar el comando Xautoconfig. Reiniciais (reboot), y cuando otra vez esteis logueados, entrar a las Xwindows con el comando startX.
Enhorabuena, ya podreis navegar por internet, chatear, leer correos, hacer PowerPoints con las OpenOffice...

6-Para el Mame, abriros una ventana de consola Gnome, y escribir:
yum install xmame
y cuando acabe
yum install gxmame

lo cual os instalará el xmame, y su frontend gráfico.

7-Buscar alguna ROM de Mame que os haga ilusión y podais legalmente utilizar porque teneis la placa guardada en algún cajón junto con su licencia. Meterla descomprimida en /usr/shared/xmame/rooms en una carpeta que creareis con el nombre de la ROM.

8-Arrancar desde la consola el emulador con gxmame. Os arrancará el frontend gráfico con el que navegareis por la lista de juegos hasta que encontreis el que habeis instalado. Doble Click, y a jugar.

Aqui os dejo un video que prueba que si lo he podido hacer yo, vuestro hijo de tres años os lo hará en un periquete:




Y eso es solo el comienzo!

ah!, si por alguna razón que no logro comprender quereis volver al sistema de Sony, solo teneis que poner el comando:
boot-game-os

Y os vuelve al origen.
No os asusteis, las proximas veces arrancará en el sistema de sony. Siempre arranca en el sistema en el que lo apagasteis la última vez. Es cómodo.

Si lo del Linux se os hace complejo y os da pereza, la PS3 os puede dar otras utilidades sin necesidad de habilidades informáticas. Convertirla en una grill también hará las delicias de vuestras visitas!



con razón se me calienta tanto!

martes, febrero 13, 2007

Videojuegos en retentiva

mooola.

Este es el resultado de fotografiar con larga exposición el monitor de un videojuego vintage. Galería aquí.

jueves, enero 25, 2007

Clásicos Contracultura: Anatomía de las Mareas

ANATOMÍA DE LAS MAREAS

Raul Minchinela, 1997

Me gusta Bel porque sonríe. Me gusta porque se mesa el pelo como por deje y me deja ver cómo su cabello desliza por el reverso de la mano, haciéndose hueco entre los dedos. Me gusta porque me mira y no aparta los ojos y a veces me besa desde lejos en una especie de broma que me pone un vacío en el estómago y me marea un poco. Me gustaría tomarla por las manos, tomarla entre mis brazos, hacerle saber que todo lo que existe pierde sentido si no puedo verla mesarse el pelo o mirarme y crearme ese vacío en el estómago, pero no puedo porque la quiero y porque somos amigos y porque ciertas cosas sólo hacen daño. Porque somos amigos. Porque la amistad impide decir te quiero.

La última vez que hablé con ella, en la cafetería de sillas de plástico y ruido de calentadores y entrechocar de vidrios, ni siquiera pude atender a sus palabras. Me perdía mirando el movimiento de sus uñas, como si estuviera creando a cada momento un nuevo lenguaje para sordomudos. Bel debería ser braille para mí, poderla descifrar con la yema de los dedos, con la ceguera del latido y la adrenalina. De vez en cuando se detenía y me preguntaba si la estaba escuchando, y yo mentía porque cada mentira era un minuto más de Bel y por tanto un minuto más de supervivencia. En alguna parte, una circunvalación en mi cráneo me decía que lanzara la mesa a la otra punta del cuarto y deshiciera todas las falsedades que Bel sabía de mí y que hacían que estuviera enfrente mío, agitando su vaso de tónica, y justo en el momento en que iba a hacerlo Bel me preguntaba si la estaba escuchando, y entonces apoyaba mi mejilla en mi puño y decía que sí y volvía a intentar entender qué decían sus uñas.

Ahora miro las uñas de Bel y estan sucias del polvo del suelo, y no se mueven, ni hablan, ni destejen, y puedo moverlas a voluntad excepto por el dedo meñique, que debe haber cruzado un par de tendones o de huesos astillados. Toda la magia, todas las estrellitas invisibles para ella que dejaban sus nudillos y que me ocultaban sus dientes afortunadamente imperfectos, ha desaparecido; ahora su mano se agita sin fosforescencias y muestra un trozo de cúbito y otro de radio como periscopios de la carne gangrenada por el corte y cuando la suelto cae a peso muerto, escupiendo linfa en el impacto.

Bel tendía a deformar el tiempo con los ojos, y los abría mucho y estiraba las mejillas y una especie de rubor le cubría los pómulos y de repente el tiempo era un poquito más lento y el fondo, el mundo tras Bel, el mundo en sí, se difuminaba como un dibujo a la cera bajo un grifo abierto. Apenas los pestañeaba porque cada vez que cerraba los párpados perdía de vista sus iris claros y sentía cierto dolor y cierta nostalgia sólo curables una vez los volviera a abrir, y lo sabía, y era considerada y quería hacerme sufrir lo menos posible y aguantaba, seguro, ese ligero escozor del ojo abierto largo rato. Me encantaba mirar la marea de sus retinas, que crecían y menguaban bajo la influencia de alguna luna de la que nunca me habló y sobre la que jamás pregunté. Me gustaba imaginar su oleaje, otra vez bajo los párpados cerrados, ahora vuelve a abrirlos, bañando su córnea como un rompeolas con sordina, con espuma de fosfenos, con el terror del kraken en mi rostro reflejado. Mira cómo oscila mi reflejo en su pupila. Aquellos ojos que miraban a otro lado y dolían.

Ahora los ojos de Bel son blandos y venosos y esféricos, y están llenos de una sustancia viscosa muy nutritiva. Tal vez debería abrirlos. Tal vez debería aplicar el filo sobre la membrana. Un perro andaluz. El humor vítreo cae sobre mi palma y lo bebo rápido, como un puñado de agua mal cerrado. Lo aprieto con la lengua y es salado, muy denso, y me recuerda un poco a ella, y por eso lo saboreo con calma, con el regusto tras sus iris claros, con la imagen de Bel sonriendo con los pómulos encendidos y mi reflejo oscilando en la marea, hasta que el sabor desaparece.

Bel danzaba porque caminaba y yo veía cosas que no estaban, y sentía brotar música e imaginaba ninfas saludándola a su paso y a ella respondiéndoles, haciendo nacer flores a cada paso como una moderna Shalla Bal, recordándonos cuán desierto es el mundo sin Bel, cuán amargo es reír sin Bel, cuán inútil es respirar sin Bel. Detrás suyo, siguiéndola como un ratón hipnotizado por una dulzaina, tomaba algunas de las flores que había hecho brotar con sus huellas: las margaritas se deshojaban al mero contacto, las rosas daban aromas sólo imaginables en las destilerías del Valhalla, y los tulipanes te llenaban la nariz de un polen fino y suave que cubría el olor del ambiente como un filtro en una cámara fotográfica. Y aunque no hubiese flores, aunque nadie agitara sus brazos con pañuelos de ninfa, aunque Bel tropezase en el extremo de la torpeza, Bel danzaba por pequeño que fuese el movimiento de sus caderas, con el insostenible ritmo de su vientre, con la sola articulación de una de sus rodillas, y bailaba de forma arábiga, contando historias prohibidas y encolándose a los ojos y de pronto se detenía y las flores se quedaban rígidas y la música tenía un final seco y entonces Bel sonreía y todo volvía lentamente a su cauce y volvía la música y yo tenía pulso de nuevo, o bien algo me golpeaba la arteria del cuello.

El óxido de la barra de hierro ha estropeado la pelvis de Bel, y el color rojizo de la infección se ha extendido tal vez ayudado por el moho. La sostengo como una mariposa de marfil enferma de mildiu, con un pequeño trozo de columna vertebral que agita carne cubierta de coágulo y desprende pequeñas costras. Parece una despedida de barco, con brazo oscilante y confetti rojo. Las despedidas me ponen tristes y debo dejar esto en su caja, con los insectos.

Aquel jueves, en la cafetería, una vez desenhebrado el telar de sus dedos, o tal vez antes, Bel decidió comer con una de esas decisiones que sabe que harán felices a todo el mundo y que enuncia con orgullo por insignificantes que sean. Bel construía un macrocosmos privado y lo explicaba por fascículos, pero nunca entendías qué decía porque sonreía, y enhebraba, y ralentizaba todo con esos ojos suyos. Comiendo, Bel enfrentaba cada plato como un mundo, y destruía despreocupadamente civilizaciones con cada paso de su cuchara, con cada ataque de su cuchillo. Sopesaba cada mordisco, cada trago, sabiéndolos irrepetibles, y si la sensación era grande- qué pocas veces -la compartía con frases que nunca acababa pero que no nos importaba si eran correctas o no mientras resonaran con ese timbre lubricado de aceite. Querría montar en la montaña rusa de su garganta y dejarme caer. Que me mastique siete veces y me engulla. Que me haga bajar con un trago de agua si me resisto, y que me haga caer en ese estómago que antes me dio ritmo y que mejor que después me lo vuelva a dar o necesitaré un aparato contectado a mi ventrículo. Quiero ver ese estómago por dentro porque los secretos de Bel son para ser no desvelados sino forzados, violados, porque no se puede pedir permiso a Bel sin que saque esos pómulos coloreados y entonces se acabaron tus defensas.

Cómo defenderte cuando remueve las natillas mezclando la canela hasta que la considera uniforme y entonces te mira con complicidad, y dice algo referente al macrocosmos aquel y no lo sabes relacionar. Mientras come, Bel es su propia reina.

El interior del estómago de Bel está igual que los intestinos: corroído por el ácido. En algunas partes ha perforado el conducto y el borde del agujero supura una sustancia gris y mate que contrasta con el viejo brillo de la digestión. El duodeno es un esfínter cansado de contraerse y se ha dilatado en actitud de puro agotamiento, revelando el acceso al cordón del intestino. En alguno de todos los tramos enrollados junto a la mesa de hormigón está la flora intestinal, ya mustia y macilenta, dejando a secar sus filtros sin pistilo. Deforestación, al fin y al cabo.

Recuerdo cuando Bel me enseñó a silbar porque llevaba un vestido azul y yo ya sabía silbar pero mentía y ella retorcía el gesto, pon los labios así -apretaba- como si fueras a beber, y me moldeaba las comisuras con sus dedos, y yo ponía la lengua en posiciones inútiles para que no sonara porque desde que conocí a Bel todo mi objetivo era mantenerla junto a mí cuanto pudiese y no se daba por vencida y en cada uno de sus intentos su vestido se ajustaba a su figura modificando sus arrugas como cordilleras de un mundo variable, reflejando contornos de luz en acordeón, música de las esferas para quien lo comprenda y lo sepa escuchar con los ojos, ojos poco parpadeantes para no perderse cada cambio, ojos con ese escozor que ella también siente porque es comprensiva conmigo y tampoco parpadea, ojos también un poco oscilantes y también un poco marea, pero cómo comparar. Me mostraba la posición de la lengua y la apretaba contra la base de sus dientes y se me antojaba una combinación suprematista de Malevich, y la escuchaba silbar y el aire tenía ese timbre suyo y después volvíamos al principio, al hermoso principio, con el moldeo de mis labios, con la música de las esferas.

La lengua de Bel coletea bajo mi mano por la inercia, y es seca y áspera incluso después de mojarla, pero es de Bel. Me habría gustado besarla, en cualquier momento, incluso ahora. Podría sacar la mandíbula del frasco e introducir la lengua y entrelazar el beso que nuestra amistad nos prohibía, un beso largo y sedoso donde los bultos ásperos recién mojados serían el terciopelo más suave imaginable. Sabría tan dulce. Sólo introducirla y besarla. Qué es lo que me lo impide.

En mis sueños, Bel era hermosa y erótica y me maltrataba con sus dientes y después me tomaba como una afrodita hambrienta, marcándome la espalda con rastrillos lacados de esmalte, cubierta de lencería plateada y desechable, hablándome con el desprecio que sólo puede dar el amor profundo. Pero el sexo con Bel era inimaginable. Ni siquiera le podía decir que la quería. Podría visionarlo a traves de sus ropas, como con esas gafas que venden en los anuncios y que acaban siendo un engañabobos, pero sería un esfuerzo demasiado estúpido. Su sexo, frente a su sonrisa, valía poco. Hasta, supongo, tenerlo.

Agarro la vagina como una muñeca de brazos lechosos y débiles; no deja de ser curioso que este conjunto de músculos y membranas que casi resbala entre mis dedos sea objeto de deseo. En el interior, la mucosa es suave y dulce al contacto con la punta de la lengua. Apuro la que queda en dos lametazos. También hay una infección en la vulva, que está tomando un color violáceo de sello de bonobús. Deja pequeños trozos de piel cuando la rozas, breves rodillos que resbalan entre el cabello y caen al suelo lentos e inseguros. Siento asco de la piel enferma. Debería levantarla con un filo o limpiarla con una lima.

Bel convertía el aire que respiraba en un perfume indescifrable, en un almizcle de hojas muertas y atemporales con reminiscencias de todos los olores encontrables. transfiguraba el humo de los cigarrillos que respiraba, y exhalaba un humo que se me antojaba púrpura y estaño, y lo desdeñaba como un genio se aburre de su última obra maestra. Mis pulmones se convirtieron en agallas desde aquel jueves, y desde entonces no puedo respirar aire sino Bel, y perderme en la bruma trefilada en su garganta. Bel, como dije, necesaria. Sujeto sus pulmones por la tráquea como un pajaro despellejado sujeto por las patas. Tras esa maraña de esferas rojas hiberna el perfume de Bel, ese inmenso arcón del que desembalé mis sueños noche tras noche. Quiero hincharlo y deshincharlo, recordar el aliento de bel. Tomo la traquea con la boca y soplo, y los pulmones se hinchan como la garganta de un sapo perfumado con un ruido breve y húmedo, y luego me devuelven lentamente el aire, algo más frío, un poco más dulce, acariciando mi garganta y mis recuerdos.

Seguro que Bel se puso medias de pequeña, en esa inmensa ambición infantil de llevar el primer sujetador y de vestir como las señoras mayores. Seguro que apenas le hacían presión y le resbalaban hasta hacer fofas arrugas en los talones. Las miraría con odio de niña impaciente y lloraría en silencio. Nunca la he visto llevar medias, pero hace tan poco que la conocí. Sus piernas entonces no conocían más compañía que la de unos vaqueros elásticos de lineas borrosas en el reverso de las rodillas, el desgaste de la flexión. Las cruzaba al sentarse, y a veces metía la mano entre los muslos para calentarla o por simple tic. Las piernas de Bel se desdibujaban a cada movimiento, como una foto movida, y me encantaba reencontrar sus contornos en esa mancha inmensa, en esa imagen amnésica.

Sus piernas cuelgan de la estantería, serradas por el muslo y el tobillo, dobladas por el peso del gemelo que cuelga de un tendón salvador. Los músculos de por encima de la rodilla se desparraman como tentáculos de un pulpo de tinta roja. El cuatriceps gotea de forma inverosímil. Dan ganas de barrerlas, como las campanillas en la puerta de un comercio, y oír el sonido de tibias y peronés entrechocando como palos en una danza regional. En el otro extremo de la estantería, la piel que las cubría está doblada como las medias que son. Con aquellas mismas arrugas infantiles.

El corazón de Bel. El mayor misterio.

No puedo tocar el corazón de Bel.

Miro alrededor y, entre todos estos motores eléctricos, entre estos estantes, entre estas mesas de cemento y este suelo rayado por el peso de las máquinas, me siento feliz porque está Bel, Bel entera, cada parte de Bel que he adorado y soñado y bendecido y soliviantado, Bel diseccionada porque ha de estudiarse en su complejidad, Bel en los capítulos de su macrocosmos. Y no me importa si fui yo el que separó sus brazos de su tronco o el que separó sus vísceras y las colocó por orden alfabético, que he debido serlo por la sangre en mis manos y en mi ropa y en las herramientas que tomé prestadas del taller de fabricación, y porque ahí está la caja de embalaje en la que introduje el cuerpo en el laboratorio en plena madrugada ayudado por el guarda de seguridad y de un permiso falso. No me importa porque ya ha terminado la madrugada y comienza a salir el sol bajo la puerta metálica -la abro como un biombo de metal acanalado y dejo que entre la luz y estás más hermosa porque el sol marca los contornos de tu cabello mientras el frío trae el rumor del césped y de los juncos-. No me importa porque esta noche he soñado contigo y además te he tocado y tras tanto tiempo sin poder hacerlo por temor a hacerte daño, por temor a romper esa amistad que me aislaba de ti como una alambrada, por miedo a no volver a mirar esos ojos, a respirar tu aliento, a ruborizarme junto a tus pómulos, a ver cambiar las cordilleras de tu vestido, tras tanto tiempo de abrazar algodones para evitar el espino, por fin puedo tomar tu cara entre mis manos, tocar tus pómulos con la poca piel que todavía soportan, acariciar las cuencas de tus ojos y mesar las hebras de pelo que aún cuelgan y decirte por fin que te quiero, sin miedo a hacerte doler porque te quiero, sin miedo a nada porque necesito decirlo hasta que entren y me descubran ensangrentado sujetándote y amándote y repitiéndote te quiero, te quiero, te quiero.

**

Nota extra: aunque es halagador que la internet cree sus propias leyedas urbanas, el cuento La Bruja Piruja no está escrito por Raúl Minchinela,. El error aparece aquí y aquí.

El que sí es suyo es El sol, las flores y el niño triste (disponible aquí), su único texto infantil hasta la fecha. Infantil voluntariamente, claro.

martes, diciembre 19, 2006

Emulando por el principio

En Contracultura somos muy amigos de los emuladores de videojuegos.

Por un lado nos curan de frustraciones infantiles. Por fin podemos jugar a todos los recreativos a los que nos nos llegaba la propina paterna.

Y por otro lado nos permiten hacer historia. Algunos habeis llegado al mundo de los videojuegos "a mitad del cuento", así que pensamos que debeis ver el principio de la historia.

¿Y cuál es ese principio?

Muchos historiadores marcan ese comienzo en el Space War, en 1962 (como pueden ver en el enlace, emulada en MAME, aunque es una versión mucho más moderna, de 1977).
Sin embargo los expertos colocan al primer videojuego en 1952, programado para la maquina Electronic Delay Storage Automatic Calculator.



Y el juego se trata del absurdo "tres en raya", u OXO.

Existe emulador de esta "manejable" máquina.
Descarguenselo aqui. Incluye el juego OXO.

Vayan al menu file, y load, y en la carpeta demostration programs encontraran el OXO.
Al pulsar start, empieza la emulación.




Ni pierdan de vista el reloj, que nos da idea de los "tiempos" reales que cuesta "jugar" en esta máquina. Y la bonita solucion del Teclado: ¡una rueda de telefono! A mí especialmente, me gustan las soluciones electrónicas del periodo postguerra. Más romantico que ahora, que basta hacer tus engargos a cualquier web del sector.

viernes, diciembre 01, 2006

Clásicos contracultura: Luis Carandell

Esta semana la universidad de Salamanca ha decididio distribuir gratuitamente las páginas de Celtiberia Show que nunca fueron recopiladas en libro (como parte de la edición electrónica íntegra de la revista Triunfo).

Al hilo de tan magno evento, recuperamos esta sobresaliente entrevista con Luis Carandell, en la que hace un repaso a toda su carrera. En el momento de hablar con él, estaba escribiendo sus autobiografías personal y profesional: "El día más feliz de mi vida y "Mis picas en Flandes". El resultado es un viaje vertiginoso por la trayectoria de uno de los periodistas más notables del siglo XX, y un observador con un tino que los demás seguimos intentando heredar. Hay mucho que aprender en las siguientes líneas.


ENTREVISTA CON LUIS CARANDELL

Acontecida el 24-3-2000

Realizada y transcrita por Raúl Minchinela


Luis Carandell es un sabio. En particular es un maestro sobre la cultura, la idosincrasia y la naturaleza de la cultura española. Además de eso ha facturado libros que ya son clásicos incontestables de las bibliotecas de personas inquietas como sus Celtiberia Shows o su Tus Amigos no te Olvidan. Si sumamos que simultáneamente, en su época de mayor producción, era capaz de cuajar una biografía del líder del Opus Dei que hubiera matado de envidia al “nuevo periodista” Tom Wolfe o un reportaje suicida por las playas españolas en pleno desarrollo que hubiese firmado el periodista gonzo Hunter S. Thompson, sólo queda rendirse a sus pies. He aquí este irrepetible ejemplo de francotirador castizo, que tuvo la gentileza de sentarse a tomar unas cañas con nosotros y concedió esta entrevista exclusiva para Contracultura.


Cc: ¿Quién es Luis Carandell?

LC: Soy un periodista de ya cincuenta años de profesión. Nací en 1929 en Barcelona. He vivido toda mi vida en parte fuera de España en parte fuera de Barcelona. Ahora vivo en Madrid. He estado de corresponsal durante mucho tiempo en Egipto, en el medio oriente, en Turquía, en el sudeste asiático, en el Japón,... y luego me he dedicado mucho a relatos y libros de viaje en una revista de viaje que se llama viajar. Estuve como cronista de cortes –la palabra cortes significa parlamento, en el idioma español habitual-...

Cc:..Me gustaría ir despacio y con buena letra, para introducirnos poco a poco en su perfil. ¿Son anteriores sus corresponsalías o sus colaboraciones en Triunfo?

LC: Yo entré en triunfo en el año 68 y la corresponsalía cuando cayó el rey Faroucq fue en el año 52. Después estuve en Japón del 57 al 60, he vuelto luego para varios viajes, he estado de corresponsal en la URSS, cuando todavía existía la URSS,...

Cc: Esto venía a colación porque la perspectiva de España y del celtiberismo que usted tiene, ¿le viene desde el principio o nace en estas corresponsalías?

LC: No, no tiene nada que ver. Lo que pasa es que es posible que el hecho de haber pasado tanto tiempo fuera de España te hace que cuando vuelves a tu país lo ves como si fuera un país extranjero y te das cuenta de cosas que los que están permanentemente en su ciudad no perciben tanto. Esa fue la razón de que yo empezara una sección de cosas pintorescas de nuestro país...

Cc: ...que empezó con “Nosotros, los catalanes”, si mal no recuerdo...

LC: Sí. Mi colaboración en triunfo comenzó con “nosotros, los catalanes”, pero en seguida hice esa sección que tuvo enseguida éxito que se llamó Celtiberia Show porque se trataba de mostrar aspectos en parte bárbaros, en parte cómicos de la realidad española de una época en que España estaba muy encerrada. Porque había una dictadura y porque tenía muy pocas relaciones con el exterior.



Cc: Y haciendo un poco no tanto un sumario como una hipótesis de partida, ¿cómo definiríamos el celtiberismo que revela sus libros Los Españoles, los Celtiberia Show, Tus Amigos no te Olvidan, o incluso la -si me lo permite, extraordinaria- biografía de Escrivá de Balaguer? ¿Cómo definiríamos ese tronco común a todas ellas?

LC: Los antiguos romanos llamaban Celtiberia no a toda la península ibérica pero si a la parte más importante y que estaba más próxima a ellos, la parte que va desde el mediterráneo hasta aproximadamente el centro de la península. Al otro lado, en occidente, era Lusitania, y al otro lado eran los iberos propiamente. Pero los celtíberos fueron aquellos más representativos de la península. Y entonces siempre que se trata de hablar de cosas muy característicamente españolas, se emplea esta palabra de Celtiberia. Que yo la tomé por ejemplo de don José Ortega y Gasset, que la menciona en uno de sus libros porque recuerda al poeta Marcial, que era de Calatayud, y que cuando estaba en Roma se acordaba de su antigua casa celtíbera. Y esta fue la palabra que se ha quedado un poco como una muestra de lo más racialmente español que tiene algún tono de pintoresquismo, o de barbarie.

Cc: ¿Pero es descriptible? ¿Se puede hacer una descripción inicial del celtiberismo?

LC: Sí, se puede describir en cierto modo. Es un producto de una España bastante encerrada y que continúa con una especie de barroquismo que produce cosas tan graciosas como aquel cartel que vi yo una vez que ponía “PROHIBIDO ATROPELLAR NIÑOS BAJO MULTA DE 50 PESETAS”.

Cc: (Risas) Y entonces, ¿cómo explicaríamos la España profunda? Que vendría a ser el opuesto y complementario del celtiberismo: la sangre, la pasión,...

LC: La España profunda ha sido un término traducido del inglés. Ellos dicen, por ejemplo, “deep Africa”. Y quiere decir el Africa a la que no llegan los turistas, a la cual no se accede fácilmente, porque hay que pasar por caminos en muy mal estado. En realidad es una cosa un poco diferente de la España profunda porque en los años 60 y 70 te podías encontrar con muestras de celtiberismo en Madrid, en Barcelona, en Zaragoza tan tranquilamente. No hacía falta ir por caminos muy extraños.

Cc: Quiero destacar la brillantez literaria de su obra, que es al fin y al cabo lo que nos ha traído aquí. Porque quiero subrayar en las obras mencionadas (Los Españoles, los Celtiberia Show, Tus Amigos no te Olvidan, y la biografía de Escrivá de Balaguer) una extremada capacidad de dar una opinión, a veces feroz, sin necesidad de escribir una sola línea propia. Colocando los textos de los demás en el orden correcto y escribiendo lo mínimo posible, construye usted un tapiz que declara clarisimamente su tesis sobre el personaje y da una opinión, a veces feroz, que a efectos digamos jurídicos nadie puede asignar a usted. Yo esto lo considero extraordinario. ¿Lo desarrolla por su cuenta o lo toma de algún escritor?

LC: Esto yo lo atribuyo a que mi estilo es muy periodístico, en el sentido de que no hace falta adjetivar, no hace falta decir usted es un burro, sino que basta con decir la burrada que el burro ha dicho para que se vea que es un burro. Si además se califica, entonces parece que se quiera estar influyendo en el lector, o en el oyente o en el televidente, para que note ese aspecto. Yo he preferido siempre describir la realidad a través de lo que la misma realidad dice, sin necesidad de muchos comentarios.

Cc: En la biografía de Escrivá es, en mi opinión, especialmente difícil. Primero, para sacar –casi arrancar- los testimonios, y segundo para ordenarlos de manera que construya una tesis como la que usted plantea, de Escrivá como el perfil de la persona que recibe a un mandatario en su enorme salón con suelo de Ónice que le dice a su invitado “¿ve usted este suelo?. Pues esta hecho de eso que con piedrecitas las señoras ricas se hacen anillos”.

LC: Sí, sí. A mi me costó bastante trabajo hacer ese libro, porque tuve que viajar por todos los lugares donde él había estado, el lugar donde había nacido, Barbastro, el seminario donde había estudiado, los comentarios de sus amigos y algunos familiares suyos, y los comentarios de los que le habían conocido. Porque no tuve ocasión de verle a él. Me negaron el acceso a él, pensando que yo iba a escribir una cosa contra él, cuando lo que quería era escribir una cosa sobre él. El hecho es que hacía cosas que podían caracterizarse de celtibéricas, en el sentido de que por ejemplo cogía una imagen del niño Jesús en medio de una reunión de estudiantes y se ponía a dar besitos al niño jesús: muá, muá, muá,... como si fuera su niño. Esta es una escena cómica, que para una película sería impagable. Con contar esto ya no necesitas decir “mira como era este señor”, sino simplemente contarlo. Y esa es la técnica que empleé.

Cc: Celtiberia Show, antes de alcanzar la época exitosa en el 70, comenzó como una sección puramente literaria que en un principio sólo podía interesar a los intelectuales amantes de las rimas de ciego. ¿Cómo consiguió convencer al editor para incluirla?

LC: Tuve que trabajar mucho en los principios para recoger las muestras, pero luego empezaron a lloverme historias, papeles, estampitas, programas, recortes,... de toda España. Es decir me convertí en una especie de papelera celtibérica de toda España. Y aquello me fue relativamente fácil. La dificultad estaba en seleccionar.

Cc: Además en una revista progresista como era Triunfo.

LC: Sí, y muy seria la revista. Precisamente, quizá, por eso mismo José Angel Ezcurra, que era el editor de Triunfo en ese momento, quizá penso que hacía falta meter una sección un poco humorística, fácil de leer...

Cc: Y eso que colaboraban Vázquez Montalbán, Chumy Chúmez,

LC: Bueno, Chumy Chúmez estaba más en Hermano Lobo, que era la revista que fundó. Triunfo era muy seria. Era una revista muy formal, muy seria, la gente la llevaba debajo del brazo para que se notara que no era franquista,... nosotros los llamábamos “los del sobaco ilustrado”. El grupo inicial eran Monleón, Moreno Galván, Haro Tecglen, De los Ríos, Márquez Reviriego,... La revista se hacía prácticamente con colaboraciones, había muy poca redacción. Y lo que se hacía era una revisión intelectual que no ocultaba la política aunque la disimulaba –porque entonces no se podía hacer política en esa revista- y que estaba más o menos consentida por el poder porque sabían que la revista estaba dirigida a los intelectuales, y que al resto pues no entendían nada y les daba un poco igual. Un poco de desprecio a la cultura. Pero Ezcurra pensó que quizá hacía falta en la última página una sección digamos fresca, una cosa graciosa,... bueno, al final se convirtió en una de las secciones fundamentales en Triunfo. Y luego apareció el libro en 1970. Y tuvo una difusión extraordinaria que yo no podía ni siquiera imaginar.

Cc: A mis ojos, y no olvidemos que lo he recogido veinte años después- el Celtiberia Bis es mucho más entretenido que el primer volumen, que tenía muchos textos sobre conferencias, el rastro,... Y sin embargo no hubo tercera parte. Por decirlo así, el más atractivo fue el que menos éxito tuvo.

LC: Si claro, porque el de arranque fue el que más se leyó. Y las segundas partes nunca fueron buenas, que decía Cervantes. La gente no lo apreció tanto. En realidad era la misma línea. Y luego se hizo una reedición en años más recientes seleccionando las cosas más llamativas.

Cc: De todas sus colaboraciones para triunfo, aparte de su columna “Silla de Pista”, hay un reportaje del que estoy enamorado en el cual se cogió un Seat 127 y viajó en el mismo verano a Benidorm, a Salou, a Zarauz,...

LC: Si, fui con un fotógrafo que ha muerto ahora, que se llama Xavier Miserachs. Aquello no fue Celtiberia Show pero si fue una descripción un poco celtibérica de la costa española. Entonces estaba el auge del turismo. Hicimos una descripción de la costa española a través de la gran transformación que el turismo supuso en esos años. Los elementos eran muy representativos porque por ejemplo Benidorm en ese momento estaba en pleno auge, el momento de la creación de una ciudad casi multicultural, digámoslo así, donde había gente de toda Europa. Casi lo que menos había era españoles. Había bares que solo tenían carteles y carta en alemán, otros en inglés, otros en sueco. Pero que creó una experiencia bastante interesante de sociedad multicultural y multinacional.

Cc: ¿Fueron en su perjuicio profesional los secuestros de Triunfo en su última época?

LC: Hombre, eso fue una cosa muy grave para Triunfo, y para mi también como redactor de Triunfo. Sobre todo para la empresa de Triunfo fue muy grave. Pero teníamos una relación tan estrecha con los lectores que hubo muchos que mandaron la suscripción del periodo de suspensión para que se viera que querían ayudarnos. A mi profesionalmente no me perjudicó en exceso, lo que pasa es que quedamos todos como una especie de oposición al régimen, tuvimos alguna llamada de algún tribunal,... no muy serio, porque como nos refugiábamos en el sentido del humor los jueces acababan riéndose. No incoaban el proceso porque lo encontraban cómico.

Cc: Lo digo porque Perich, que tuvo éxito con Autopista por la misma época –usted mismo lo prologó- sí que tuvo más problemas...

LC: Pero ten en cuenta que el hecho de publicar en un diario como lo hacía él, que publicaba en TeleExpress, era muy distinto que publicar en una revista dirigida a los intelectuales. El régimen distinguía muy bien esas cosas. Tú en televisión o en radio no hubieses podido decir nada de lo que decíamos nosotros en Triunfo. Mientras que para Triunfo, que insistía en el desprecio que tenían por la cultura, pensaban “esto va dirigido a unos cuantos chalaos que están en su casa y leen esta revista”. Esto era lo que pensaban en el fondo. Y entonces, claro, cualquier chiste de Perich que aludiera a la actualidad política del momento era mucho más perseguido que una cosa publicada en Triunfo. Lo cual no quiere decir que no llegase también el momento en que Triunfo también fue perseguido, porque notaron que se había pasado en algún aspecto. Pero era distinto que publicar en un diario.



Cc: En 1975 se publica “Tus amigos no te olvidan”, un pilar esencial en la obra de Luis Carandell. ¿Cómo nace esa obra sobre lápidas, epitafios y demás cultura necrológica?

LC: Como tenía un material tan amplio, tan amplio de cosas de todo tipo había en Celtiberia Show algunos aspectos de epitafios, necrológicas,... Tenía tanto material, y había recorrido tanto España,... Me había dedicado durante un año a recorrer cementerios, que es una cosa por la que tengo debilidad porque me parece que en el cementerio está el pasado y el futuro de la ciudad, que siempre he ido a visitar los cementerios, y encontré cosas verdaderamente fantásticas. Había uno que decía: “MARIANITA, NOS DEJASTE A LOS TRES MESES; QUE PRONTO EMPEZASTE A DARNOS DISGUSTOS”.

Cc: Mi pieza favorita es el sobre que cierra el libro, un sobre devuelto por fallecimiento del titular, en cuyo reverso el cartero, justificando la devolución, escribió: “MURIO SIN DEJAR SEÑAS” ¿De donde sale esa joya?

LC: Este lo tengo yo. Pero no la envié yo. Me mandaron a mi esa carta. El cartero escribió “murió sin dejar señas. Pensó: en el cielo o en el infierno no hay calles.

Cc: También de esa época es la mencionada biografía de Escrivá, cuando el Opus Dei está en pleno apogeo, y supongo que su libro cae como una bomba.

LC: Sí. Entonces, sobre todo en el año 68 o 69, hasta que vino el estado de excepción –luego cambiaron las cosas-, el Opus era la fuerza, digámoslo así, moderna, la fórmula moderna y tecnocrática que salvó al franquismo de una decadencia que ya era patente a través del desarrollo económico. Esto fue muy importante. Ahora ha muerto López Rodó, hombre del Opus Dei y que fue un hombre para mi juicio capital en la evolución española, porque con el plan de desarrollo puso las bases de la modernidad digamos económica, y que hizo cambiarlo todo. De manera que cuando se dice que el Opus contribuyó a cambiar la faz de España es una realidad. El Opus, no como tal Opus pero sí personas que estaban en la órbita o en el ambiente del Opus Dei y que habían recogido el consejo de Monseñor Escrivá, que era el identificar el éxito en la tierra con el éxito en el cielo. En santificar el trabajo. Esto es una idea de Escrivá, que no se le puede negar, que ha tenido un peso muy importante. Entonces el Opus legitimó en cierto modo la dictadura de Franco, no se metieron en el aspecto político pero sí lo desarrollaron y debido a ese desarrollo luego se produjo la democratización. Porque la gente salió del estado de postración en que estaba y empezó a vivir una vida más moderna.

Cc: ¿Y tuvo represiones del Opus?

LC: No, nunca. Ninguna. Supe de algún señor del Opus que había entrado en una librería, había comprado mi libro de Monseñor Escrivá y había empezado a romper las páginas para demostrar el desprecio. Pero nunca me ha pasado que un responsable del Opus me impidiera escribir en un sitio,... nunca me ha ocurrido. Eso debo decirlo.

Cc: Mi generación le conocemos particularmente como presentador del programa de televisión Parlamento. Y me extraña que un programa institucional en estado puro se deja en las manos de un francotirador con fama de humorista como era el Carandell de la época, el Carandell radical, si me lo permite. ¿A quien se le ocurre la idea y cómo cristaliza?

LC: Se le ocurre la idea a José Luis Balbín. Balbín era el jefe de informativos y me llamó para hacer la crónica parlamentaria. Y yo lo que intenté fue conectar el parlamentarismo español del 76-77 con el parlamentarismo español antiguo de la s cortes de Cádiz. Porque había muchos televidentes que no sabían que la democracia y el parlamentarismo no era una cosa inventada entonces sino que tenía raíces que venían de 1810. Hay que pensar que España es el tercer país del mundo que hace una constitución liberal. La primera fue la de EEUU, la segunda la de Francia y la tercera la de España. Recoge ideas de la revolución francesa, también de los americanos, y hace una constitución en la que todavía está el Rey con las cortes pero ya las cortes, es decir, la representación popular, tiene un papel en ella. Se puede llamar una constitución, si no democrática, predemocrática. Entonces, el anecdotario de las cortes, que va de 1810 hasta 1936, cuando comienza la guerra civil, incluso hasta el 39, era muy importante el resucitarlo para que la gente se diera cuenta de que habíamos tenido un siglo largo de parlamentarismo y una tradición parlamentaria importante. Y eso fue la idea de a través del anecdotario parlamentario meter la idea de que no venía de ahora sino de atrás.

Cc: Y cuajó también el libro “El Show de sus señorías”

LC: Como anecdotario se recogió en el libro “El Show de sus señorías”. Luego ha habido otro titulado “Se abre la sesión”, ordenado cronológicamente. Significó dar el pulso humano, y el ingenio, de los parlamentarios españoles a través de este anecdotario.

Cc: Pero en TV, la fama y las ventas son así, veían a un humorista hablando del parlamento...

LC: Creo que la gente lo agradecía, porque era una especie de ilustración. La crónica parlamentaria suele ser muy aburrida; es siempre: “ayer se discutió la ley tal tal tal, hubo dos enmiendas a la totalidad defendidas por el partido tal y fueron rechazadas...”. Entonces yo metía siempre algún aspecto anecdótico de las Cortes.

Cc: ¿Podemos decir que esa época es la que sirve como transición del Carandell radical y asesino al pensador reposado que tenemos hoy en día?

LC: (Risas) Ni asesino, ni reposado, ninguna de las dos cosas. (Risas) Hombre, en el franquismo y en los primeros tiempos de la democracia cualquier cosa que dijeras era revolucionaria, porque la situación era tan absurda que cualquier chiste que hicieras era revolucionario. Y ahora ya es mucho más difícil en el sentido de que ya dentro de la democracia cada uno tiene su pensamiento, cada uno tiene su partido, las cosas funcionan más debatidas, hay una gran libertad de prensa, de manera que se puede decir prácticamente lo que se quiera en los periódicos,... Y claro, ya no tiene esa especie de morbo que tenía en el momento den que decir cualquier cosa... Yo me acuerdo que un amigo mío se hizo famoso porque dijo “esto es un viento que viene del este”.

Cc: Y desde entonces florece el Carandell tertuliano que es básicamente con el que nos hemos quedado. Una persona cuyo oficio es hablar de lo que le pidan...

LC: Bueno, lo que pasa es que las tertulias en España... yo creo que no pasaría en ningún país del mundo, aunque supongo que en Latinoamérica también... los españoles nos atrevemos a hablar de todo. Y es asombroso. En Alemania no funcionarían jamás las tertulias que se emiten aquí en la radio porque la gente diría: “espere, voy a llamar a un vecino mío que es especialista en esto que dice usted y él se lo contará mejor que yo”. Aquí la gente lee el periódico y habla de todo. Sabe de todo. Y es una cosa característica ibérica, o iberoamericana, portuguesa... A mi a veces esto me da un poco de vergüenza y a veces he llegado a decir: “mira, yo de esto no sé más que lo que he leído en el periódico, pero si quieres llamamos a un señor que yo conozco que lo sabe verdaderamente”. Porque se habla de cuestiones de meteorología, cuestiones de ecología, cuestiones de religión, cuestiones de alta política,... claro, de todo, sin a lo mejor el conocimiento de causa que se requiere. Pero esto viene de la tradición de la tertulia española. Que es tan antigua como España. Siempre aquí se ha conversado mucho por el placer de conversar, siempre se han hecho bromas, siempre se ha discutido de todo, y las tertulias tienen una importancia que en otros países no tienen.

Cc: Me gustaría destacar aquella tertulia de tarde en antena 3 radio, porque era una tertulia tan atípica que venía el Sr. García Juez, que era el moderador, con una serie de temas y creo que jamás se pasaba del segundo...

LC: ¡Nunca! Siempre acabábamos hablando de otra cosa. El tenía unos papeles, e iba diciendo las noticias del día y decíamos “déjese usted de esto” –nos llamábamos de usted siempre-, “déjese, que lo importante de hoy es que me he comido unas pochas con codorniz que estaban extraordinarias”. Claro.

Cc: Y actualmente se dedica poco menos que a dar conferencias a la carta...

LC: Lo que pasa es que como cualquier periodista nos caracterizamos por la curiosidad. Y yo que nunca he sido particularmente piadoso ni religioso me he interesado mucho por ejemplo por el Camino de Santiago, porque es un fenómeno universal, europeo pero universal, extraordinario. Hay un libro que escribí hace poco, dos años. Me ha interesado mucho porque se habla de ello y los periodistas procuramos tratar el asunto del cual se habla, es una regla del periodismo, que hoy tu tienes que poder hablar de la crisis del partido socialista y no de una cosa abstracta que no tiene nada que ver con la sociedad.

Cc: De hecho usted es de los pocos que, siendo didáctico, se remonta al origen de las cosas para llegar a las raíces...

LC: Es que cuando te metes un poco a estudiar, comienzas a viajar, buscas siempre el hacer una especie de relato general, que no se trate de una teoría sino de una descripción de lo que has visto en diversos aspectos. Yo por ejemplo del camino de Santiago no he destacado ni el aspecto religioso, aunque lo he tratado un poco, ni el aspecto artístico puramente, que se puede hacer un libro solo de eso porque es un verdadero museo, ni el aspecto esotérico donde los peregrinos creen que van andando por las estrellas y no por la tierra, ni el aspecto puramente paisajístico. Sino hacer una especie de resumen de todo, para que tanto el que va como el que prefiere sentarse en casa con el libro pueda darse cuenta de lo que significa el camino de Santiago.

Cc: Me sorprende que dejase de lado la parte religiosa, sobre todo habiendo publicado usted un Santoral, con vidas de santos.

LC: Siempre he tenido mucha afición. Eso lo hice en radio nacional, con Julio César Iglesias y Eli del Valle, el contar el santo del día. Y nos divertíamos mucho porque los santos hacen unos milagros...

Cc:...un poco raros...

LC:... como esa chica de Avila que iba desde su pueblo a la ciudad a ver el sepulcro de San Segundo, patrón de Avila, y de pronto la persigue un violador. Se mete en una ermita a orarle... y le crece barba. Entra el violador y le dice: “ha visto usted una chica por aquí” (Risas) Y eso es un milagro (Risas) Entonces, este tipo de milagros es un producto de la imaginación popular y de la creación por parte de algunos escritores que debían ser geniales, de unos hechos milagrosos que la iglesia hoy en día ya no los contaría así. Pero que durante siglos los estuvo contando así. Mi abuela me los contaba.

Cc: Pues los –más actuales- milagros que usted comenta en el epílogo de la reedición de la biografía de Escrivá han pasado para la beatificación y son igual de ridículos que estos.

LC: Como estos, igual. Ya sabes que queda la exigencia de que para hacer beato a una persona tiene que hacer un milagro. Y para ser santo tiene que hacer dos. Santo todavía no lo es, pero el milagro de la beatitud ya se le ha concedido. Hubo una señora que le había rezado,... había lo que se llamaban Boletines de Favores, las cuales cuando una orden quiere beatificar o canonizar a uno de sus fundadores o miembros, pide a la gente que cuente qué milagros han vivido, y se ven milagros curiosísimos, como de aquella señora que decía: “no podía vender una finca, le recé a Monseñor Escrivá, y conseguí más dinero del que esperaba obtener” (Risas).

Cc: Vamos a hacer una especie de test sobre el país. ¿Cuál es el aspecto en el que, en su opinión, menos han cambiado los españoles?

LC: Bueno, en todos los cambios hay una especie de trampa. Parece que las cosas cambien mucho y posiblemente no cambien tanto. Y lo hemos visto en las últimas elecciones donde mucha gente ha votado muy tradicional, y han ganado las derechas tradicionales, sin que sean semejantes o iguales a las de antes, pero que tienen mayor tradición de continuidad de las tradiciones españolas. Entonces el cambio... Es muy peligroso el hablar de cambio, porque cuando se produce tan bruscamente que de pronto la señora que era de la congregación mariana y que iba a misa y comunión diaria, de pronto se echa un amante, pues ahí tienes que sospechar que el cambio no es tan grande sino que hay una especie de necesidad de adaptación a la nueva época, pero que luego, con el tiempo, vuelve la verdadera tradición. O sea, que cuando se habla de cambio hay que tener mucho cuidado. Porque a veces cuando las cosas cambian demasiado es porque no cambian tanto.

Cc: Elija tres imágenes para resumir la España de la segunda mitad del siglo XX.

LC: (piensa) La espada flamígera, aunque en 1950 ya estaba un poco en decadencia. Después,... el manto de la Virgen del Pilar que le llevan al general Franco cuando se está muriendo para ver si se salva. Y finalmente la explosión democrática de esa gente que eran, yo creo, más modernos de lo que podían ser.

Cc: Nuestra generación apenas tiene conciencia de la dictadura y las opiniones que recibimos son siempre contradictorias. ¿Problema de educación, deseo por olvidar?

LC: Olvidar... lo que se puede hacer es perdonar, pero olvidar es muy peligroso porque siempre tenemos la posibilidad de volver a las cosas antiguas. Un pueblo que olvida su historia está más en peligro que uno que la tiene muy presente. Y a veces es un poco pesado que los abuelos cuenten las batallas, y los chicos jóvenes tienen tendencia a no escuchar mucho como es natural, y no tienen por qué escuchar. Cuando algún chico joven me dice “aquí no hay libertad”, siempre digo “oye, yo se lo que es no tener libertad de verdad”. Y en comparación con lo que yo he vivido... Ya se que la libertad no es absoluta, pero en comparación con lo que he vivido en la España de los años 50, 60 y 70, esto no es nada. Sobre esta labor didáctica, lo que pido es, a la gente mayor que lo cuente, y la gente más joven que lo escuche.

Cc: Razones que nos den esperanzas para pensar que la cultura española va a sobrevivir a los envites de la cultura norteamericana y su glamour.

LC: También creo que es una cuestión de modas. Hubo un momento que se puso muy de moda la cultura norteamericana, ahora está un poco más en decadencia. Por ejemplo yo lo he notado mucho con las comidas. Tradicionalmente aquí se comía la comida española tradicional, después vinieron las Nouvelle Cuisine y las cosas venidas de fuera, las hamburguesas,... Ahora me da la impresión de que hay un cierto regreso a las lentejas con chorizo y las judías blancas con codorniz. Eso creo que pasa por modas. Pero desde luego que el descubrimiento de la cultura tradicional española reserva cosas muy buenas. De la misma manera que he dicho que me río mucho con la cultura tradicional española, sin embargo tenía cosas muy buenas. Como por ejemplo, una capacidad de contacto entre las personas, de conversación con gente de cualquier estilo, de una especie de confianza de estar entre españoles y pasarlo bien, que en la vida moderna se ha ido perdiendo un poco, y da la sensación de que hay una especie de nostalgia por la recuperación de algunas de las virtudes tradicionales. Decía Juan Marichal, que es una de las personas que más admiro, historiador que estuvo en Harvard mucho tiempo, que la cohesión de España es la cordialidad. Y esto a mi me gusta mucho, la palabra cordialidad me gusta mucho para expresar un ideal español. Yo creo que la gente joven esto lo ha salvado bastante, lo ha hecho bien. Quizá me parece que falta un poco de relación entre las generaciones. Ha habido un gran descrédito de todo lo antiguo y también de las personas que representan o que proceden de ese mundo.

Cc: ¿Pajares y Esteso o Faemino y Cansado?

LC: Bueno, lo que pasa es que no doy abasto a leer, escuchar y ver todas las funciones y todos los libros. No estoy nada cerrado. No soy de los que dicen “lo bueno era Concha Piquer”, que era muy buena. Me ha gustado muchísimo los conciertos de música moderna, y el otro día sentí una gran satisfacción al enterarme de que en Leganés le pusieron una calle al grupo australiano AC/DC, que me parece una cosa estupenda.

Cc: Justifique el fenómeno puramente celtibérico de Chiquito de la Calzada.

LC: No lo justifico. Porque siempre he sido partidario del humor pero a veces hay humores que aparecen por televisión que me parecen salidos del verdadero sentido del humor. Si tienes que recurrir a decir alguna vulgaridad has perdido el sentido del humor y lo has convertido en otra cosa. Aunque hagas reír a la gente, no lo aplaudo. Y no me estoy refiriendo sólo a él, a quien no he visto, sino en general a todo el humor que aparece actualmente en los programas de televisión. Me sobrecoge un poquito porque es un humor demasiado obvio. Demasiado fácil. El humor es algo más delicado que eso.

Cc: Para terminar: estamos ante un experto en epitafios, y ya que no va a querer hacer el de usted, dígame el que le pondría a su mejor amigo.

LC. Pues tengo un amigo muy bueno que le pondría este epitafio: YA NO TOSE.


Luis Carandell Robuste (Barcelona, 1929 – Madrid, 2002)

Música Hexadecimal

Aprovechen el puente para escuchar música y jugar.
Y háganlo al mismo tiempo.
Les recomiendo este grupo de música: Hexstatic.

Escuchen su ultimo disco desde su web.
Verán que son muy dados a samplear sonidos de videojuegos

Esta gente le da a todo y todo lo hacen bien.
La primera vez que vi algo de ellos, hará ya 10 años, fue con este videoclip:



Pero mi favorito no podía ser otro que este:


Creadores de Multimedias, audiovisuales para sus conciertos, hasta de un videojuego a la altura de los reyes de freakismo que son: Top Banana

He encontrado ciertamente dificil poder rescatarles este juego.
Pueden descargarse la rom aqui

Y el emulador aqui

Un 10 en mi escala freak.

viernes, noviembre 24, 2006

Beakdance not dead




Algún día, las máquinas de DDR detectarán estos movimientos...

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